El verano pasado, el Liverpool hizo añicos el precio de traspaso de un portero cuando trajo a Alisson de la Roma por 56,25 millones de libras. (Semanas más tarde, el Chelsea superó esa cifra al comprar a Kepa, del Athletic de Bilbao, por 72 millones de libras). Para una plantilla que se había construido principalmente con jugadores infravalorados, esto parecía marcar un cambio en la forma en que el Liverpool hacía las cosas... o, tal vez no lo era.